Regresa

Periódico Mural
LAS VACUNAS Y SU HISTORIA

¿Cómo se clasifican las vacunas?
Hay sólo dos tipos básicos de vacunas: vivas atenuadas e inactivadas. Las características de unas y otras son diferentes, y determinan su forma de uso. Las vacunas vivas atenuadas, se producen por medio de la modificación en el laboratorio de un virus o de una bacteria patógenos ("silvestres"). El organismo resultante retiene la capacidad de replicarse (crecer) y producir inmunidad, pero no debe causar la enfermedad. Las vacunas vivas atenuadas incluyen virus y bacterias.

Regla general:
Entre más parecida es una vacuna a la enfermedad natural, mejor será la respuesta inmune que genere.

Vacunas vivas atenuadas
Se derivan de virus o bacterias “silvestres” o patógenas. Estos microorganismos se atenúan o debilitan en un laboratorio, generalmente por cultivos repetitivos. Por ejemplo, la vacuna de sarampión que se usa en la actualidad se aisló de un niño con sarampión en 1954. Se requirió casi de diez años de pasos repetitivos en cultivo de tejidos para transformar al virus silvestre en un virus atenuado, utilizable en la elaboración de la vacuna del sarampión.

Para generar una respuesta inmune en el hospedero, por medio de vacunas hechas con microorganismos vivos atenuados, éstos deben crecer y multiplicarse en el hospedero. Se administra una dosis relativamente pequeña de virus o de bacterias, los cuales se replican en el hospedero, de tal manera que se incrementa el número de microorganismos a una cantidad suficiente como para estimular el sistema inmunológico, e inducir una respuesta inmune protectora.

Las vacunas atenuadas pueden causar reacciones graves o fatales como resultado de su replicación incontrolada. Esto sólo sucede en las personas con algún tipo de inmunodeficiencia, como son pacientes con leucemia, tratamiento con fármacos inmunosupresores, o en infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

Los anticuerpos de cualquier origen (transplacentarios, por transfusión, de leche materna), pueden interferir con el crecimiento del microorganismo de la vacuna e impedir que se genere una respuesta inmune adecuada. El virus de la vacuna del sarampión parece ser el más sensible al anticuerpo circulante. El rotavirus y el virus de la polio parecen ser los más resistentes a este efecto.

Las vacunas hechas con microorganismos atenuados disponibles en la actualidad incluyen a las de virus (sarampión, parotiditis, rubéola, polio, fiebre amarilla, vaccinia y varicela), y a las de bacterias ( BCG y tifoidea oral).

Vacunas inactivadas
Se producen haciendo crecer a las bacterias o a los virus en los medios de cultivo adecuados, y posteriormente se inactivan con calor y/o sustancias químicas (por lo general formalina). En el caso de vacunas fraccionarias, el organismo se somete a un tratamiento adicional para purificar únicamente aquellos componentes que se incluirán en la vacuna (como, polisacárido de cápsula de neumococo).

Los microorganismos que constituyen estas vacunas no están vivos, no pueden replicarse, por lo tanto no pueden producir la enfermedad en el hospedero, ni siquiera en personas inmunodeficientes. En este caso se administra la dosis completa del organismo, o sea la dosis suficiente para inducir una respuesta inmune protectora. Normalmente estos microorganismos no se ven afectados por la presencia de anticuerpos circulantes.

Las vacunas inactivadas siempre requieren de la aplicación de varias dosis (la respuesta inmune se desarrolla después de la segunda o tercera dosis).

Los títulos de anticuerpos contra los antígenos inactivados, disminuyen con el tiempo, por lo que se requiere de la aplicación de dosis suplementarias periódicas para aumentar o “disparar” la respuesta inmune.

Las vacunas inactivadas disponibles hoy en día incluyen a vacunas con virus completos (influenza, polio, rabia, hepatitis A) y bacterias enteras (tos ferina, tifoidea, cólera, peste).

Las vacunas “fraccionarias” incluyen subunidades (hepatitis B, influenza, tos ferina acelular, antígeno Vi de fiebre tifoidea, enfermedad de Lyme), toxoides (difteria, tétanos, botulismo), polisacáridos puros (de neumococo, meningococo, Haemophilus influenzae tipo b) y conjugados de polisacárido (Haemophilus influenzae tipo b y neumococo).

La primera vacuna de polisacárido conjugado fue la de Haemophilus influenzae tipo b (Hib). Recientemente se certificó una vacuna conjugada para la enfermedad neumocócica.

Vacunas recombinantes
Los antígenos constituyentes de una vacuna también se pueden obtener por medio de ingeniería genética. A los productos obtenidos por este método algunas veces se les denomina vacunas recombinantes. Actualmente hay dos vacunas obtenidas por ingeniería genética: la vacuna contra la hepatitis B que se obtiene mediante la inserción de un plásmido que contiene el gen S del antígeno de superficie del virus de la hepatitis B (HBsAg) en el hongo Saccaromyces cereviceae, el cual se encarga de producir el antígeno de superficie del virus mencionado; y la vacuna viva de Salmonella typhi (Ty21a) que contiene bacterias vivas modificadas genéticamente (en la síntesis del lipopolisacárido); esta modificación evita que dicha bacteria cause la enfermedad.

Regresa