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Periódico Mural
LAS VACUNAS Y SU HISTORIA

Antecedentes históricos sobre la viruela y la vacuna antivariolosa
2004 es una fecha significativa para la inmunología y la salud pública mexicanas, pues este año conmemoramos 200 de la llegada de la vacuna antivariolosa a nuestro territorio, entonces denominado Nueva España.

Desde tiempos remotos, médicos asiáticos y africanos habían observado que quienes enfermaban de viruela y sobrevivían, gozaban de futura inmunidad. Por ello, trataban de prevenir la enfermedad causando un ataque benigno, ya fuera pulverizando las costras de viruela y soplándolas dentro de la nariz del paciente, o haciendo una pequeña incisión en la piel de una persona sana, en la cual aplicaban suero de la pústula de un enfermo, -medida que tenia sus riesgos pues producía una mortalidad del 0.5 al 5%-. A ese procedimiento –que en la Nueva España fue intentado por vez primera en 1779– se le llamó variolación o inoculación.

Lo anterior muestra que los conceptos de inmunología son viejos y pragmáticos. Siglos antes de que la teoría microbiana de las enfermedades infecciosas fuera descubierta, se sabía que la curación de una enfermedad iba seguida de resistencia a la infección. Así pues, los elementos de la inmunología clásica antecedieron a la bacteriología y contribuyeron a ella.

El descubrimiento de la vacuna contra la viruela fue hecho a finales del siglo XVIII, se debe a Eduard Jenner (1749-1823), y es uno de los acontecimientos médicos más importantes de ese siglo. Este médico inglés se enteró de una creencia popular: las personas que habían contraído la denominada peste de las vacas (cowpox) no contraían la viruela (smallpox), idea que lo hizo meditar profundamente. Posteriormente, estudió en Londres al lado de William Hunter, quien lo instó a no razonar demasiado: “No piense, experimente” –le dijo.

Al investigar, Jenner descubrió en las vacas un virus que da inmunidad cruzada con el virus humano. En 1796, inyectó con dicho virus a un niño. Al cabo de tres días, las punciones se cubrieron con pequeños botones; le inoculó entonces el virus de la viruela, y las punciones se extinguieron sin que presentara fiebre u otro síntoma de infección. Dos años más tarde, hizo público su descubrimiento. A diferencia de los médicos de su tiempo, Jenner creyó en la tradición popular. En 1798 publicó la memoria, hoy clásica, Variolae vaccinae, de la que deriva el término de vacuna, empleado más tarde por Pasteur en un sentido genérico.

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