Q.F.B. Maribel Ortiz Herrera y Dr. Victor
Rafael Coria Jiménez
Laboratorio de Bacteriología Experimental, Instituto
Nacional de Pediatría
A.- Generalidades
Helicobacter pylori es un microorganismo Gram negativo,
microaerofílico, en forma de espiral, flagelado, de lento crecimiento, que requiere de condiciones especiales
para su crecimiento, tales como una atmósfera con 5%
de oxígeno, 5% de dióxido de carbono y 85% de
nitrógeno, la temperatura óptima de crecimiento
es de 37°C y su periodo de incubación de 3 a 7 días.
H. pylori fue descubierto por Robin Warren y Barru Marshall e identificado como el agente etiológico de inflamación gástrica y úlcera péptica,
modificando los conceptos clínicos y la terapéutica
de estos procesos patológicos con el empleo de antibióticos
combinados con los fármacos habituales.
En la actualidad se reconoce a H. pylori como un agente
patógeno involucrado en el desarrollo de gastritis, úlcera
gástrica y carcinoma gástrico. El proceso inflamatorio es estimulado
y exacerbado por la producción de diferentes factores
de virulencia bacterianos y su evolución depende asimismo
de la susceptibilidad del huésped y de la influencia
de distintos factores ambientales.
H. pylori posee de 4 a 6 flagelos lofotricos unipolares
que le confieren una gran movilidad y le permiten llegar a la
mucosa y resistir a los mecanismos de defensa del huésped,
así también la estructura espiral le permite a
la bacteria introducirse a través de la capa de moco
gástrico, favoreciendo su adherencia a las células
epiteliales gástricas.
B.- Epidemiología
Se ha establecido que cerca del 50% de la población mundial
adulta se encuentra colonizado por H. pylori y que
este porcentaje varía de un país a otro, se ha
demostrado que la presencia de esta bacteria es mayor en países
subdesarrollados y en los sectores económicamente más
desprotegidos y distintos autores han mostrado que los niveles
de colonización de H. pylori han disminuido
en los países desarrollados a medida que los niveles
de vida han mejorado.
Los estudios originales de Blaser, Forman y Parsonnett demostraron
que existe una asociación significativa entre la presencia
de H. pylori y el riesgo de desarrollar cáncer
y una de las poblaciones ha sido estudiada a lo largo de 20
años lo que ha permitido realizar estudios acerca de
la variabilidad del microorganismo y de sus capacidades de adaptación
frente a las presiones del ambiente.
En el caso del cáncer gástrico, este tipo de neoplasia
ocupa el 2° lugar en importancia en los países en
vías de desarrollo de acuerdo a los datos de la OMS y
se ha demostrado que al menos en el 60% de los casos de cáncer
gástrico H. pylori está involucrado como
un factor condicionante, lo que llevó a la Agencia Internacional
de Investigación del Cáncer a clasificar a este
microorganismo como un carcinógeno tipo I.
En México existen estudios seroepidemiológicos
donde se ha tratado de evaluar la presencia de H. pylori (y
fundamentalmente de anticuerpos clase IgG dirigidos contra esta
bacteria) siendo el más amplio el estudio de Torres y
col. quienes analizaron una muestra de 11,605 sueros de todo
el país y demostraron que los niveles de positividad
fueron superiores al 80% en los grupos mayores de 30 años
(hasta el 89% en el grupo de 60 a 69 años), presentándose
el mayor incremento de la seroprevalencia en los grupos de 0
a 9 años lo que evidencia que la colonización
se presenta en los primeros años de vida y permanece
por periodos muy prolongados, esta situación es preocupante
ya que se ha demostrado que existe una asociación significativa
entre la colonización temprana y prolongada con el desarrollo
de gastritis, enfermedad ulceropéptica y carcinoma gástrico
distal.
En un estudio realizado en donadores de sangre de diversos niveles
socioeconómicos y provenientes de todas las regiones
del país, se estimó una asociación del
66% entre la seroprevalencia de la infección por este
microorganismo y el cáncer gástrico en nuestro
país.
Se ha demostrado un incremento acelerado en la prevalencia de
la infección por H. pylori en México,
se estima que un 10% de los niños entre 2 y 8 años
adquieren la infección anualmente por lo que la mayoría
de ellos se encuentran infectados al llegar a la adolescencia
y el riesgo de desarrollar cáncer gástrico es
mayor al riesgo en los países desarrollados donde la
adquisición de la bacteria es tardía y la tasa
de infección es menor.
Es importante mencionar que, en contraste con la descendente
tendencia mundial de mortalidad por cáncer gástrico,
en nuestro país no se ha observado en una reducción
de dicha neoplasia desde 1940 y en algunos años como
1980 y 1982, fue la primera causa de muerte por tumores malignos,
sólo superada a partir de 1983 por el cáncer pulmonar.
Recientemente, López y col., estimaron que la disminución
en la prevalencia de la infección por H. pylori
en México podría llevar a un descenso del 20%
en la tasa de prevalencia de cáncer gástrico,
lo que representaría un gran avance en salud pública.
C.- Factores de virulencia
H. pylori posee una amplia gama de distintos factores
de virulencia y se ha demostrado que éstos se encuentran
regulados por diferentes condiciones del medio y de la célula
existiendo un tráfico de señales entre la bacteria
y las células del huésped colonizado que desembocan
en la expresión de estos factores bacterianos y en el
desarrollo del proceso inflamatorio.
Entre los factores de virulencia propuestos para H. pylori
se cuentan:
i) La presencia de la proteína CagA (proteína
asociada a la citotoxina), la cual posee un peso molecular aproximado
de 128 a 145 kDa y que se ha demostrado que es inyectada al
interior de las células gástricas por un sistema
de exportación tipo IV, una vez en el interior, esta
proteína bacteriana es activada por fosforilación
mediada por enzimas celulares lo que induce la formación
de “pedestales” celulares debido a la polimerización
de la actina celular.
Las cepas cagA+ inducen la reorganización de la actina
en la célula huésped y en las proteínas
de las células adyacentes al sitio de adherencia mientras
que las cepas cagA- inducen rearreglos mínimos en la
actina en el sitio de adherencia. La fosforilación de
la tirosina en las proteínas de la célula huésped
ocurre posteriormente a la adherencia de las cepas CagA+ a las
células epiteliales gástricas y a la exportación
de CagA a las células gástricas, de acuerdo al
modelo propuesto por Stein y col.
Las mutantes en los genes cagE, cagF, cagG, cagH, cagI cagL
y cagM no inducen la fosforilación en las proteínas
de 145 kDa de la célula huésped; inserciones en
cagN no afectan la habilidad del microorganismo para fosforilar
la tirosina en las proteínas de 145 kDa de la célula
huésped y retiene la propiedad de inducir la secreción
de IL-8. Se ha demostrado in vivo e in vitro que la infección
con H. pylori favorece la liberación de IL-1a, IL-1b
e IL-8 y que este proceso es independiente de la expresión
de CagA, VacA, ureasa o lipopolisacáridos.
ii) La citotoxina vacuolizante bacteriana (VacA), de 87 kDa,
que es responsable de la formación de vacuolas intracelulares
que conducen a la célula a cambios en su metabolismo
y eventualmente a la muerte celular, su organización
genética ha sido ampliamente estudiada y se describe
como un “mosaico” genético que permite una
variación asociada tanto a los eventos clínicos
de la colonización de H. pylori como a la distribución
geográfica de las diferentes cepas o clonas de este microorganismo.
El gen vacA posee una estructura en la cual se han identificado
cuatro alelos en la secuencia señal responsable del grado
de inflamación de la mucosa gástrica (s1a, s1b,
s1c y 2s) demostrándose una asociación significativa
entre la presencia de s1 y el grado de infiltración celular;
en la región media de vacA se ha demostrado la presencia
de dos alelos (m1 y m2) de los cuales m1 se asocia con un mayor
daño al tejido gástrico.
iii) La producción y actividad
de la enzima ureasa, que hidroliza a la urea generando una gran
cantidad de iones amonio los cuales modifican el pH del medio
ambiente que rodea a la bacteria, facilitando su permanencia
y diseminación; esta enzima es característica
de H. pylori, es asimismo un buen antígeno y
es considerado como un candidato para el desarrollo de vacunas
que protejan de la infección por esta bacteria.
Comprende dos subunidades, UreA de 26.5 kDa y UreB de 60.3 –
61.0 kDa que es donde se localiza el sitio activo enzimático.
La enzima adopta una conformación multimérica
donde participan seis monómeros de UreA y seis de UreB
y cuya estructura es estabilizada por Ni2+.
iv) El lipopolisacárido (LPS) bacteriano, que posee residuos
de carbohidratos en secuencias semejantes a las que se presentan
en los antígenos sanguíneos de Lewis, lo que aparentemente
permite a la bacteria “mimetizarse” con el huésped
para pasar desapercibida al sistema inmune y que asimismo influye
en la susceptibilidad y selección del huésped
por parte del microorganismo, además de comportarse como
una adhesina bacteriana, sin embargo a diferencia de otros Gram
negativos, el LPS de H. pylori no tiene una gran actividad
biológica.
v) Una proteína de 150 kDa denominada “Proteína
Activadora de Neutrófilos” (NapA), que funciona
como un factor quimiotáctico para neutrófilos
y monocitos además de ser un estimulante de la producción
de radicales activos de oxígeno y funciona como un agente
quelante de hierro.
vi) El flagelo bacteriano, que aparentemente funciona como un
receptor que responde a estímulos quimiotácticos
del medio, permitiendo la migración bacteriana y la colonización
del epitelio gástrico.
vii) Las proteínas de choque térmico (Hsp60, Hsp70)
ubicadas en la membrana bacteriana y que participan en el reconocimiento
de receptores celulares y en la adherencia bacteriana y cuya
expresión es dependiente de las condiciones de acidez
del ambiente, por lo que se considera que estas proteínas
tienen un papel preponderante en la interacción bacteriana
con las células del epitelio gástrico in vivo.
viii) Se ha descrito que la interacción de H. pylori
con las células del huésped induce la expresión
de genes bacterianos, específicamente, el grupo del Dr.
Peek describió la expresión de la proteína
iceA posteriormente al contacto de H. pylori con células
en cultivo, a la fecha se desconoce la función de esta
proteína pero este evento señala una vez mas la
plasticidad del microorganismo y su capacidad de respuesta al
medio ambiente.
ix) La producción de adhesinas, en H. pylori
se han identificado cinco grupos diferentes de adhesinas: el
primer grupo lo constituye la familia de proteínas de
membrana externa (Hop), el segundo y tercer grupo lo integran
AlpA y AlpB, estas adhesinas actúan reconociendo diferentes
receptores en la superficie de las células epiteliales
gástricas, el cuarto grupo es el de las adhesinas BabA,
mediadoras en la adherencia con los antígenos de Lewis
b y recientemente se ha identificado una proteína de
16 kDa que se adhiere a los ligandos de los oligosacáridos
de los antígenos de Lewisa, constituyendo el quinto grupo
de adhesinas.
ix) Uno de los mecanismos de patogenicidad de H. pylori
lo constituye la inducción de interleucinas, como TNF-a,
IL-8, IL-1 e IL-6, las que participan en el desarrollo y exacerbación
del proceso inflamatorio mediante el reclutamiento de subpoblaciones
celulares, adicionalmente se ha demostrado que existe una predisposición
genética de algunos individuos al desarrollo de procesos
carcinogénicos asociados tanto a la colonización
de H. pylori como a la presencia de genes polimórficos
de IL-1, TNFa e IL-10.
Se ha demostrado que existe una relación importante entre
la presencia y producción de algunos de estos factores
de virulencia y el desarrollo de distintos cuadros clínicos
así como la evolución de éstos, como en
toda relación huésped – parásito
distintos factores ambientales intervienen y modifican el desarrollo
del proceso infeccioso, en este caso en particular factores
culturales como el tipo de alimentación, la presencia
de agua potable y alcantarillado, el tipo de habitación
y los hábitos culturales de convivencia, han mostrado
ser importantes en la relación entre H. pylori
y el humano colonizado.
x) La Isla de Patogenicidad (PAI-cag) de H. pylori.
En H. pylori, al igual que en otros microorganismos
patógenos se ha descrito la presencia de una región
discreta del genoma bacteriano en donde se agrupan los genes
involucrados con la virulencia, en H. pylori existe
una estrecha correlación entre la presencia del marcador
cagA y la presencia de la Isla de Patogenicidad (Pathogenicity
Island, PAI) la cual contiene aproximadamente 31 “marcos
abiertos de lectura” (Open Reading Frames, ORF), es un
segmento de DNA de 37 a 47 kpb y la presencia ó ausencia
de esta PAI permite clasificar a las cepas en PAI+ o tipo I
(las que poseen la Isla y son capaces de desarrollar procesos
infecciosos más agresivos) y las cepas PAI- o tipo II
(cepas que carecen de la Isla y que se asocian a cuadros clínicos
menos severos).
En los últimos años se ha demostrado que la presencia
de H. pylori no se relaciona únicamente con
eventos infecciosos agresivos sino que incluso aparentemente
estas bacterias ejercen un papel protector para el desarrollo
de cáncer de esófago lo que ha venido a replantear
el papel de H. pylori como patógeno e incluso
algunos autores consideran que esta bacteria está evolucionando
desde una relación estrictamente parasitaria a una relación
simbiótica con el humano.
D. Secuenciación del genoma
Es importante mencionar que H. pylori es uno de los
primeros organismos cuyo genoma ha sido secuenciado por completo
y en este caso se ha secuenciado el genoma de dos cepas (J99
y 26695) lo que ha permitido establecer comparaciones entre
estos microorganismo, relacionar los niveles de virulencia con
secuencias genéticas particulares, estudiar los niveles
de variación y deriva genética, establecer la
importancia particular de algunos genes en la fisiología
bacteriana, identificar y valorar secuencias y mecanismos de
variación y evolución molecular y en general el
estudio de las secuencias genómicas de H. pylori ha expandido
el campo de investigación de la relación entre
el fenotipo y el genotipo de un organismo.
El tamaño del genoma de H. pylori varía
de 1,643,831 a 1,667,867 pb, tiene un contenido de bases (G+C)
del 39%, el 91% del genoma es codificante, posee 1,496 y 1590
marcos abiertos de lectura (Open Dreading Frames, ORF), 89 de
ellos son específicos de J99 y 117 de 26695, poseen 2
secuencias de inserción, IS605 e IS606 de las cuales
J99 posee 8 copias y 26695 17 copias y a la fecha no se conoce
el producto de codificación de 361 y 375 ORF lo que representa
un reto para el estudio de la genética de esta bacteria.
E.- Aislamiento e identificación
Uno de los elementos fundamentales para el estudio de cualquier
microorganismo y de su relación con el huésped
infectado es la obtención de cultivos puros de la bacteria
a partir de muestras clínicas, siendo éste uno
de los criterios de Koch para demostrar que un organismo es
el agente causal de un proceso infectocontagioso.
H. pylori es una bacteria “fastidiosa”
para su cultivo y aislamiento y en muchas ocasiones la obtención
de la muestra clínica se complica ya que para ello se
requiere de personal calificado que realice la obtención
de la biopsia de estómago mediante endoscopía,
posteriormente la muestra debe ser procesada para el cultivo
e identificación bacteriana considerando principalmente
la morfología colonial (colonias pequeñas, húmedas,
convexas), la morfología microscópica (bacilos
Gram negativos pleomórficos) y las pruebas positivas
de ureasa, catalasa y oxidasa.
Prueba de la ureasa. Cuando el tubo no ha sido inoculado con
H. pylori el medio es de color naranja claro. Sin embargo,
si se inocula con una suspensión de una bacteria productora
de ureasa, ésta hidroliza la urea y el medio cambia de
color como consecuencia de un cambio en el pH - color rosa.
De manera general las técnicas
para el diagnóstico de la infección por H.
pylori se han clasificado en invasivas y no invasivas,
las técnicas invasivas son la biopsia gástrica,
la serología, la prueba del hilo, etc., mientras que
dentro de las técnicas no invasivas se encuentran la
prueba del aliento, la determinación de antígenos
en heces, la amplificación de genes de H. pylori
mediante PCR, etc.
Se considera al cultivo como el “estándar de oro”
para el diagnóstico de la infección por H. pylori
y las distintas pruebas mencionadas anteriormente varían
en su sensibilidad y especificidad recomendándose en
este caso el empleo de más de una técnica para
incrementar la certeza del diagnóstico de la infección
por H. pylori.
En la tabla 1 se comparan tres técnicas diagnósticas.
La selección de las técnicas para el diagnóstico
de la infección por H. pylori se hace considerando
la accesibilidad, el costo, la sensibilidad y especificidad
de la técnica, la accesibilidad a la muestra clínica,
el propósito del estudio, la edad del paciente, etc.
Una de las pruebas más empleadas es la prueba de la ureasa
que consiste en administrar al paciente una solución
que contiene urea marcada con un isótopo y posteriormente
determinar la presencia de CO2 marcado debido a la hidrólisis
de la urea por la ureasa bacteriana.
E. El carcinoma gástrico y su asociación
con H. pylori
La inducción del proceso de carcinogénesis asociado
a la colonización por H. pylori es un campo
de investigación sumamente interesante; los estudios
utilizando marcadores de proliferación celular como los
organizadores nucleolares y el antígeno nuclear de células
proliferantes han demostrado que éstos se expresan con
mayor frecuencia en la mucosa gástrica infectada por
H. pylori que en la mucosa no infectada y la frecuencia
de su expresión disminuye de forma significativa tras
la erradicación de la bacteria. Estos resultados indican
que la tasa de proliferación del epitelio gástrico
está aumentada en presencia de H. pylori este efecto
mitógeno ha sido relacionado con la capacidad del amoniaco
para estimular la división celular.
Actualmente se sabe que las cepas menos virulentas, caracterizadas
como CagA- y VacA- aumentan tanto la replicación celular
como la apoptosis. Se ha propuesto que estos cambios provocan
una alteración equilibrada, dado que se produce un mayor
número de células y simultáneamente se
pierde un mayor número de ellas a causa de una muerte
celular programada. Lo anterior contrasta con las cepas VacA
s1a y CagA+ que aumentan la replicación celular e incluso
en mayor grado que las VacA-, pero no aumentan la apoptosis
y por consiguiente conducen a un exceso desequilibrado de la
producción de células sin aumento en su pérdida.
El efecto diferencial sobre la apoptosis puede proporcionar
un esquema para estudios sobre los mediadores específicos
del proceso apoptósico, tales como p53 y bcl-2. Si se
producen más células que las que se pierden, éstas
se irían acumulando en una cantidad excesiva, hecho que
podría dar lugar a una hipertrofia de la mucosa o a la
formación de pólipos en el tracto gastrointestinal
o al menos se puede producir un número excesivo de células
con un DNA dañado que pasen por ciclos celulares repetidos.
Se han descrito distintos tipos de alteraciones en los carcinomas
gástricos en los que se ha involucrado a H. pylori
como factor desencadenante tales como el incremento en
el número de mutaciones de p53 y de otros genes que están
asociados a la producción de componentes supresores de
tumores, un incremento en la expresión de ciclinas e
inhibidores de CDK, presencia de mutaciones en los oncogenes
k-ras, c-met y amplificación en k-sam y c-erbB-2, el
incremento en la expresión de factores de crecimiento
(EGF y TGF) y cambios en los patrones de expresión de
moléculas que participan en los mecanismos de adhesión
celular.
Recientemente se ha demostrado que CagA presenta variaciones
en sus niveles de fosforilación que se relacionan con
la distribución del microorganismo, así también
se conoce que CagA~P es capaz de activar a SHP2 (fosfatasa tirosin-proteína
con un dominio homólogo a SRC) que regula la proliferación
celular, la morfogénesis y la movilidad celular, así
también CagA disminuye la apoptosis inducida por CagA~SHP2
lo que ayuda a la persistencia bacteriana, incrementa el recambio
de células gástricas epiteliales y la selección
de células con el complejo activo CagA~P~SHP2.
Las cepas cag PAI+ tienen mayor capacidad para inducir la actividad
de la cinasa MAP (proteína de actividad mitógena)
que las cepas cag PAI-. Las MAP cinasas regulan la proliferación
y diferenciación celular, programan la muerte celular,
la reacción al estrés y la respuesta inflamatoria.
Durante la infección con H. pylori CagA+, la activación
de las cinasas MAP es determinante para inducir la inflamación
gastroduodenal, ulceración y neoplasia.
F.- Inducción de
IL-8
La IL-8 es un miembro de la familia de las quimiocinas C-X-C,
ejerce efectos quimotácticos principalmente sobre neutrófilos,
es un péptido de 8kDa secretado por diferentes células
tales como: monocitos, linfocitos, neutrófilos, eosinófilos,
fibroblastos, células sinoviales, células mesoteliales,
células endoteliales y queranocitos.
La expresión del gen IL-8 está controlada fundamentalmente
a nivel transcripcional. La secuencia nucleotídica de
la región reguladora 5’ de este gen muestra posibles
sitios de unión para varios factores de transcripción,
incluyendo el Factor de Necrosis-kB (NF-kB), Factor de necrosis
para Interleucina-6 (NF-IL6) y la Proteína Activadora
1 (AP-1). Para la transcripción del gen IL-8 se requiere
la activación de alguna de las combinaciones de estos
factores: NF-kB y AP-1 ó NF-kB y NF-IL6, dependiendo
del tipo de célula; cuando los niveles de la IL-8 se
incrementan en la mucosa gástrica el daño histológico
ocasionado por la infiltración de neutrófilos
y el TNF-a es mayor.
La secreción de IL-8 es favorecida por algunos de los
genes presentes en la cag PAI, varios de estos genes son homólogos
a los genes asociados con la virulencia de otras bacterias patógenas,
por ejemplo los genes vir responsables del transporte para la
transferencia de plásmidos de Agrobacterium tumefaciens
y los genes pti que codifican a la proteína Ptcl encargada
de regular la secreción de la toxina de Bordetella pertusis.
Algunos autores han demostrado que el gen cagE (pic B) codifica
un sistema de secreción tipo IV donde la función
de éste es la secreción y distribución
de moléculas inflamatorias en la célula huésped.
La existencia de cepas cag PAI – capaces de inducir la
secreción de IL-8 y de cepas cag PAI+ incapaces de inducirla,
sugiere que la PAI, o parte de ésta, no es indispensable
para inducir la secreción de la IL-8. Además,
las cepas cag-PAI- presentan el gen funcional HPO638 (oipA),
localizado en una región cromosómica de aproximadamente
100 kpb, su función es codificar una de las 32 proteínas
de membrana externa, y estas cepas inducen hasta tres veces
más la síntesis de IL-8 en comparación
con aquellas cepas cag-PAI+ que contienen el gen no funcional
HP0638; en resumen, si bien la inducción de IL-8 ha sido
ampliamente estudiada, la estructura molecular del inductor
bacteriano específico aún es desconocida.
G.- La adherencia bacteriana:
un primer paso en la colonización
La adherencia de H. pylori a la célula huésped
es el primer paso dentro del mecanismo de patogenicidad y precede
a varios eventos celulares: fosforilación de la tirosina,
reorganización de la actina en la célula huésped
y proteínas celulares asociadas y la subsecuente liberación
de la IL-8, estos efectos sugieren alteraciones en la transducción
de señales en la célula huésped lo cual
puede conducir a la inflamación crónica y quizá
de lugar a una transformación oncogénica.
H. pylori coloniza la mucosa gástrica de humanos
al adherirse y penetrar en la capa de moco que cubre el epitelio
gástrico. La colonización en la placa de moco
protege a la bacteria de la acidez extrema en el lumen gástrico
y de ser desplazada del estómago por los movimientos
peristálticos. La mayoría de las colonias bacterianas
permanecen en la capa de moco gástrico, sólo algunas
se adhieren a las células epiteliales gástricas
con la intervención de las adhesinas, dando lugar a la
infección crónica por H. pylori, sin
embargo este tipo de infección también se presenta
en ausencia de adhesinas que interaccionen con la célula
huésped y persiste por décadas si no es tratada.
Las mutaciones en el gen cagE reducen significativamente la
propiedad de H. pylori para adherirse a las células
epiteliales gástricas, esto sugiere que la incapacidad
de este mutante para estimular la producción de IL-8
puede estar asociada con la ausencia de adherencia del microorganismo
a las células epiteliales gástricas.
Se ha demostrado que la adherencia de H. pylori a las
células epiteliales gástricas está asociado
con el enfacelamiento de microvellosidades y rearreglos en el
citoesqueleto por debajo del lugar donde se adhiere la bacteria
formándose un pedestal semejante al descrito para Escherichia
coli enteropatógena (EPEC). El término adherencia
y enfacelamiento describe una interacción intima entre
la bacteria y la membrana plasmática de las células
epiteliales gástricas, provocando la destrucción
del citoesqueleto de las microvellosidades.
La adherencia de H. pylori origina
tres respuestas celulares diferentes:
a) Hay una respuesta a la adherencia de las cepas tipo I, la
cual consiste en una reorganización de la actina en la
célula huésped y en las proteínas adyacentes
al sitio de la adherencia; adicionalmente, las cepas tipo I
inducen la síntesis de la IL-8 vía la fosforilación
de la tirosina en la proteína de 145 kDa de la célula
huésped.
b) La adherencia de las cepas tipo II induce un rearreglo mínimo
de actina sobre la unión a la célula huésped
comparadas con las cepas tipo I; las cepas tipo II favorecen
la síntesis de la IL-8 vía la activación
de tirosin-cinasas celulares que originan la degradación
de la proteína inhibitoria IkB liberando a NF-kB (heterodímero
p50, p65) permitiendo su traslocación al núcleo
y su unión al promotor del gen IL-8.
c) El tercer tipo de respuesta se ha identificado en cepas mutantes
de H. pylori deficientes en la expresión de hemolisinas,
aunque no pueden inducir la fosforilación en la célula
huésped favorecen la secreción de IL-8 después
de adherirse en las AGS.
Las células epiteliales gástricas desempeñan
un papel importante como mecanismo de defensa del huésped
contra la colonización por H. pylori, la resistencia
está mediada por la liberación de factores pro-inflamatorios;
IL-I, IL-6, IL-8, TNF-a y el interferón- g (IFN-g), responsables
del reclutamiento y activación de poblaciones de células
inflamatorias. La síntesis de varias de estas citocinas
depende de la activación del NF-kB.
En la mucosa gástrica de las personas infectadas con
esta bacteria se identifican dos alteraciones histológicas
principales: inflamación aguda caracterizada por la infiltración
intraepitelial e intersticial de neutrófilos y la inflamación
crónica asociada con el incremento de células
mononucleares (linfocitos, monocitos y células plasmáticas);
aunque la patogénesis de la enfermedad no se entiende
completamente, la secreción de algunas citocinas inflamatorias
se incrementa en la mucosa gástrica infectada; citocinas
ß, (TNF-a), IL-6, e IL-8. La IL-8 produce inflamación
crónica, que a su vez favorece la infiltración
de neutrófilos en la mucosa gástrica dañándola.
La infiltración de neutrófilos ocurre cuando la
enfermedad se presenta en la etapa de gastritis activa crónica.
Los neutrófilos activados liberan proteasas y metabolitos
de oxígeno reactivo que van a dañar la mucosa
gástrica. La inflamación crónica y la infiltración
de neutrófilos se consideran dos factores de riesgo para
la evolución a cáncer gástrico.
H.- Modelos experimentales
de la infección
H. pylori es un microorganismo aislado de la mucosa gástrica,
sin embargo estas cepas son capaces de colonizar el estómago
de una gran variedad de animales: primates no humanos, cerdos,
perros y gatos.
Recientemente se ha demostrado que esta bacteria también
es capaz de colonizar la mucosa gástrica de mamíferos
pequeños: ratones y jerbos (Meriones unguiculatus),
siendo este último el modelo experimental más
empleado para el estudio de la inducción de cáncer
gástrico por H. pylori.
En un estudio de gran importancia para la comprensión
de los procesos carcinogénicos en los cuales se encuentra
involucrado H. pylori, Watanabe y col. demostraron
sin lugar a dudas el desarrollo de cáncer gástrico
asociado a la colonización crónica de los jerbos
por parte de cepas de H. pylori cagA+, es necesario
resaltar que la evolución del proceso es muy semejante
a lo que ocurre en humanos, lo que proporciona un buen modelo
que permite estudiar detalladamente la carcinogénesis
bacteriana.
Philpott y colaboradores describieron recientemente el mecanismo
de adaptación de cepas de H. pylori en ratones,
demostrando que conforme transcurre el proceso de adaptación
de estas cepas disminuye su capacidad para inducir la secreción
de las citocinas pro-inflamatorias: IL-1,IL-6, IL-8, TNF-a e
INF-g, lo que reduce significativamente el proceso inflamatorio
en la mucosa gástrica (60), esto le confiere mayor capacidad
a este microorganismo para colonizar el estómago del
ratón sin dañarlo y como consecuencia el riesgo
para desarrollar cáncer gástrico es menor comparado
con aquellas cepas de H. pylori no adaptadas; empleando
la técnica de microarreglos del DNA concluyeron que la
disminución de la virulencia de estas cepas no esta relacionada
con la ausencia de algunos de los factores de virulencia agrupados
en la PAI sino con cambios en las secuencias genómicas
relacionadas con la disminución de la virulencia bacteriana.
En el caso de las variaciones en la genética del microorganismo,
el grupo del Dr. Solnick reportó la presencia de cambios
en los genes de las OMP asociados a la adaptación a Macaccus
rhesus, lo que es semejante a los resultados de nuestro laboratorio
donde hemos demostrado variaciones tanto en los genotipos como
en la fisiología de cepas adaptadas a jerbos lo que parece
confirmar la tesis de la evolución continua de este microorganismo
hacia cepas cada vez mejor adaptadas a su huésped.
Conclusiones. La implementación de mejores condiciones
sanitarias y el desarrollo de una vacuna eficaz que prevenga
la infección por H. pylori, así como
la existencia de tratamientos cada vez más efectivos
para erradicar a la bacteria representan ahora un reto para
la prevención y el control de la colonización
por H. pylori y así evitar el desarrollo posterior
de cáncer gástrico asociado a la presencia de
una bacteria carcinogénica.
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Última revisión 16 enero 2012
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