El “espanto” o “susto” en el medio popular y bajo el enfoque médico

Dra. Imelda Díaz Ruíz¨, Dra. Maribel Juárez Mora¨,
Dr. Miguel Angel Fernández Ortega¨¨, Dra. Alicia Hamui Sutton¨¨

na de las expresiones psicosomáticas frecuentes en comunidades tradicionales rurales e incluso urbanas en México, es el llamado “susto” o “espanto”. El “susto” puede dañar en cualquier edad y a cualquier persona. Con base en la sintomatología que se presenta cuando se sufre de “espanto”, creemos pertinente que el médico adquiera conocimientos acerca de este fenómeno aún tan común en nuestros días, ya que de este modo puede brindar una atención integral al paciente y evitar que dicho evento enmascare otra patología orgánica. En la medida en que el médico esté consciente de la existencia de creencias populares de enfermedades (en este caso el “espanto”) también será capaz de poseer una visión integral del paciente y podrá prevenir padecimientos y complicaciones ulteriores que pueden incluso tener impacto en la salud pública. Pensamos que se trata de un tema relevante debido a que en no pocas ocasiones nuestros pacientes recurren a curanderos por distintos motivos antes que al médico alópata, y para poder ayudarlos es importante comprender los diagnósticos y tratamientos que utiliza la Medicina Alternativa.

El “susto” es una variante del fenómeno conocido en diversas partes del mundo como pérdida del alma, sin embargo en México y Latinoamérica (en el medio popular) adopta un carácter muy particular pues es considerado una enfermedad. El “espanto” o “susto” puede definirse como un “impacto psicológico” de intensidad variada que se padece a consecuencia de factores diversos entre los que se encuentran los de índole sobrenatural, fenómenos naturales y circunscritos en experiencias personales que emergen como eventualidades fortuitas del todo inesperadas.(1) Si bien el “susto” es una entidad nosológica de filiación tradicional extendida prácticamente en todo el territorio nacional, las formas como se le conoce, la propensión a adquirirlo y las prácticas terapéuticas o los rituales preventivos, poseen connotaciones particulares, esto depende de las diversas regiones geográficas.


El “susto” es a la vez causa y enfermedad. Una persona que recibe un “susto” contrae la enfermedad conocida como “susto”: es decir, el padecimiento es designado con el mismo término que se aplica a la vivencia traumática”, señala Carlos Zolla.(2) A diferencia de otras enfermedades que afectan principalmente a los niños, el “susto” puede afectar en cualquier edad y a cualquier persona.


Los síntomas y signos que produce el “susto” son diversos:

Sintomatología del “susto”(2)
■ Visible ataque al estado general

Falta de apetito
Decaimiento
Tendencia a sentarse o acostarse en lugares donde pueden recibir sol
Frío en las extremidades
Somnolencia
Tendencia a dormir muchas horas
Inquietud en la vigilia y en el sueño
Insomnio
Palidez
Tristeza
Angustia
Hipersensibilidad en el trato con terceros
Esfuerzo al caminar
Ocasionalmente desvanecimientos
Temor a los sueños en los que se repiten estereotipos amenazadores
Ataques repentinos de “locura”
Fiebres leves
Ocasionalmente diarreas y vómitos
Dolores de cabeza
Dolores en el “corazón”*

Los tratamientos del “susto” o “espanto” son variados y conservan, empero, ciertas coincidencias. A diferencia del “mal de ojo”, cuya curación puede ser realizada por cualquier persona que conozca el ritual del tratamiento, el “susto” deberá ser tratado por el terapeuta tradicional. La etiología del “susto” no es la pérdida del “ánimo”, sino la pérdida de una entidad anímica.

A diferencia de la concepción cristiana que considera una alma única, los nahuas suponen que existen tres almas; ellos creen que la primera tonalli, localizada en la cabeza, está relacionada con los dioses, en ella se ubica la razón y la conciencia y se le considera la productora del pensamiento. La segunda, teyolia, se encuentra en el corazón, ahí están la vitalidad y los afectos. Una tercera, ihiyotl, se ubica en el hígado, en el que se encuentra el vigor del hombre, las pasiones; una vez muerta la persona regresa como “aire de noche”. Las ideas acerca de la pérdida de un alma específica, lo mismo que de la captura de ésta por seres del inframundo están presentes en casi todas las culturas prehispánicas del continente americano, lo que demuestra su gran antigüedad.(3)


Para comprender los vestigios actuales de tales creencias y su relación con la salud y la enfermedad hay que enfatizar que una de estas almas tiende a separarse durante la vida del individuo, mientras que las otras dos lo hacen hasta la muerte del mismo. La falta de tonalli o sombra, cuando es capturada o perdida como efecto del “espanto”, provoca padecimientos y debilitamiento por carencia.  Ante tal estado suele suceder que agentes extraños, como la emanación del alma en un cadáver o ihiyotl que sale en forma de gas denso, penetren en el organismo y ataquen a la persona desprovista de sombra.


La enfermedad está vinculada con el lugar donde se sitúa la persona cuando el alma se ha desprendido del cuerpo: si la sombra fue capturada por la tierra se presenta la enfermedad, si no se sabe su paradero, sobreviene una enfermedad aún más grave, si entra la emanación de un cadáver u otro elemento extraño al sujeto se enferma todavía más. La pérdida de la sombra o el alma a causa del “susto” o “espanto” produce por lo general síndromes muy claros, pues emocionalmente la persona se siente incompleta, además de los síntomas orgánicos antes descritos. La curación tiende a restituir a la sombra ausente por lo que está cargada de actos mágicos que en pueblos mestizos se han vuelto ininteligibles, pues han perdido las ideas médicas que en la época prehispánica las sustentaban.(4)


Para entender la manera en que los curanderos abordan este mal se entrevistó a una curandera, que realiza los rituales necesarios para librar de esta enfermedad a las personas afectadas, Susana Ruiz Martínez, originaria de San Pedro Tututepec, Oaxaca.**


“...Las personas que viven en pueblos se espantan porque ven cómo se desborda un río, por el mar al ver una ola muy grande o porque una ola los avienta, al ver animales de campo como una culebra o cuando se caen del caballo o el burro. Las que viven en la ciudad se espantan por un choque, un asalto, por ser o ver atropellados, por ver un herido o muerto. Una persona espantada tiene la piel pálida, como amarilla, no tiene hambre, los niños no crecen, están tristes, tienen mucho sueño, no tienen ganas de hacer nada. Cuando el “susto” es muy fuerte la sangre se vuelve agua, tanto que ya no tiene fuerzas, tienen la mirada perdida, los ojos están tristes, algunos dicen que tienen miedo y si son bebés brincan cuando están dormidos.


En mi pueblo aprendí a curar con velas de sebo; se piden 10 de estas velas, aguardiente, ruda y albahaca. Las velas se ponen a fuego lento en una cacerola de peltre, se derrite la cera y ya derretida se le pasa por todo el cuerpo al niño y se le llama tres veces Juan no te espantes y se reza para que salga la cosa mala que no lo deja estar sano; después la cera se echa en una jícara con agua y la cera forma la causa por la que la persona está espantada. Ya que se le pasó la cera, el niño empieza a dormirse, entonces se le unta principalmente en sus coyunturas la mezcla del aguardiente, la ruda y el tabaco. Esta curación se hace a niños grandecitos y gente grande, los días martes y viernes.


Para curar a un bebé, los días martes y viernes preparo una tina con agua calientita, le echo flores blancas, rojas y un chorrito de alcohol; y aparte preparo un ramo de flores rojas y blancas. Ya preparado se encuera al bebé, se voltea de cabeza y se dice Pedro no te espantes tres veces y se le pasa el ramo de flores formando una cruz a la vez que se dice una oración. Después se baña y se tapa bien; si se duerme es que el “espanto” ya salió, y uno se da cuenta porque cuando despierta está contento y ya come bien...”


El “susto” no es una enfermedad sino un síndrome de filiación cultural, es decir, un complejo mórbido que sólo es reconocido, diagnosticado, clasificado y tratado como tal dentro de las claves culturales y médicas del grupo. Los síntomas incluyen a menudo agitación, anorexia, insomnio, fiebre, diarrea, confusión mental y apatía, hay datos depresivos e introversión. Puede presentarse ansiedad generalizada o estrés producidos por conflictos sociales o por una autoestima baja.


En numerosos casos, los curanderos tienen logros en sus prácticas curativas. ¿Cuáles son las razones? Numerosos padecimientos son autolimitados y su historia natural es que desaparecen espontáneamente. Los curanderos no son totalmente ignorantes de la terapéutica utilizada por los médicos alópatas: cuando lo consideran apropiado administran antimicrobianos, analgésicos, antialérgicos, purgantes, etcétera.


Sin embargo, seguramente el recurso terapéutico más importante, aplicado con singular maestría por los curanderos, es la psicoterapia, y en especial una rama de ella, la sugestión. ¿Cómo se explica el poder de la sugestión? Podríamos decir que el efecto placebo tiene un supuesto ineludible: la integridad del organismo requiere de la totalidad para hacerse patente. Actúa a través del nivel superior de la integración y por tanto constituye una serie concertada de acontecimientos extraordinariamente selectivos, precisos y limitados en el tiempo, que modifican al propio organismo para mejorar o sanar.(5)


Un conjunto de factores se asocian para amplificar el efecto terapéutico del curandero. Para empezar, éste es un miembro de la comunidad, con quien comparte la manera de vivir, idioma, costumbres, familia y amigos, religión, mitos, creencias y sistemas explicativos. El acceso a él es fácil, desprovisto de los obstáculos burocráticos y del proceso deshumanizante de la atención médica institucional. El curandero conoce y trata al paciente, no como un órgano enfermo, sino como una totalidad biopsicosocial y como parte de sistemas aún más altos: la familia y la comunidad. El curandero combate el padecer y no la enfermedad.


El curanderismo tiene orígenes primitivos, está saturado de ideas inexactas, de supersticiones y magia. Puede ser útil para aliviar males menores, en su mayoría psicológicos y psicosomáticos, pero es ineficiente en el resto de los casos. Lo importante es que la práctica del curanderismo incluye elementos valiosos que la Medicina científica ha menospreciado injustamente. Estos elementos son: la visión del hombre en su totalidad biopsicosocial, la atención a la persona y su entorno, la atención al padecer y no solamente a la enfermedad, la utilización inteligente de la sugestión y el efecto placebo que, quiérase o no, desempeñan un papel de importancia insospechada en todo quehacer de naturaleza médica.


Para concluir podemos decir que el “susto” en la Medicina Alópata debe ser clasificado y tratado como una totalidad en la que pueden reconocerse elementos específicos, más o menos al determinar un complejo mórbido e incluso complicaciones… es dentro de esta lógica que hay que comprender la diabetes por “susto”, la tisis (tuberculosis) por “susto”, así como los  “sustos” retenidos en la garganta”, los retenidos en el corazón o en el estómago, por lo cual no debemos olvidar que pueden derivar en enfermedades peligrosas “bilis”, “diabetes”, “tisis”, “presión”, “hepatitis”, “úlceras” diversos grados de parasitosis intestinal y en general a un estado de deficiencia inmunológica (anemia y síndromes mieloproliferativos) asociado a estados de desequilibrio emocional (la depresión y el estrés), que afecta predominantemente a hombres y mujeres jóvenes, además de anemia, apatía y pérdida de apetito. Si bien no existe el equivalente exacto de esta enfermedad popular dentro de la Medicina Alópata, se trata de un padecimiento, que en ocasiones es confundido con diversos padecimientos, e incluso puede llegar a ocultar distintas patologías orgánicas, atribuidas al “susto” o “espanto”.(2)



Referencias
1. Moden ME. Madres, Médicos y Curanderos. Diferencia cultural e identidad ideológica. 1ª ed. Ediciones de la Casa Chata. SEP. México. 1990.
2. Zolla C, del Bosque S, Tascon Mendoza A, Mellado Campos V, con la colaboración de Maqueo C. Medicina Tradicional y Enfermedad. Centro Interamericano de Estudios de Seguridad Social. México, 1998.
3. López Austin A. Cuerpo Humano e Ideología. UNAM. Instituto de Investigaciones Antropológicas. México. 1989.
4. Sasson Lombardo Y. El alma y los síndromes patológicos actuales. Tlahui-Medic. México. 1996.
5. Viniegra Velásquez L. Cómo Acercarse a la Medicina. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México. 1991.


Notas:
*El dolor del corazón es con frecuencia el dolor epigástrico, asociado a padecimientos gastrointestinales; gastritis y úlcera gástrica principalmente
**Entrevista directa y abierta con la señora Susana Ruiz Martínez, curandera indígena. México, d.f. Octubre de 2005.

Citación original: Aten Fam 2007:14(1):1-4.


¨Pregrado. Facultad de Medicina. Universidad Nacional Autónoma de México. México, D.F. CP 04510.
¨¨Departamento de Medicina Familiar. Facultad de Medicina. Universidad Nacional Autónoma de México. México, D.F. CP 04510