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Tabaquismo. La “pandemia” del siglo XXI

Ponciano Rodríguez G¨

l tabaquismo es una “epidemia” de alcance mundial que afecta a todos los grupos sociales, no tiene fronteras, ni limitaciones de género, edad, estrato social o religión. En la actualidad, el consumo de tabaco es el principal problema de salud pública en los países desarrollados y comienza a serlo en los países en vías de desarrollo, no sólo por su magnitud, sino por las consecuencias sanitarias que conlleva, así como por los enormes costos económicos y sociales que genera (Peto, 1993).

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el tabaquismo es responsable de más muertes en el mundo que el virus de la inmunodeficiencia humana, alcohol, tuberculosis, accidentes automovilísticos, incendios, suicidios y homicidios considerados conjuntamente. Cada día mueren en el mundo cerca de 11 000 personas por alguna de las enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco. El futuro no se vislumbra mejor, se calcula que en el año 2020 se producirán 10 millones de muertes por esta causa, que ocurrirán en los individuos que fuman actualmente y 70% serán habitantes de los llamados países en vías de desarrollo (Murray,1997).

El total de fumadores en el mundo se estima en más de 1 500 millones de personas, lo que representa aproximadamente un tercio de la población mayor de 15 años, de este total más de 200 millones son mujeres (OMS,1997).

Debido a que la combustión incompleta del tabaco genera alrededor de 4 500 sustancias tóxicas, de las cuales al menos 55 son productoras de cáncer, el tabaquismo se ha asociado a más de 25 enfermedades (Wyser, 1997). Uno de cada dos fumadores que comienzan a fumar en edad temprana y continúan haciéndolo durante toda su vida de forma regular, morirán por una enfermedad relacionada con el tabaco, probablemente a mediana edad, perdiendo alrededor de 22 años de esperanza de vida (OMS,1997). Es por esto que al tabaquismo se le considera actualmente como la principal causa evitable de discapacidad, enfermedad y muerte prematura. En México, diariamente fallecen 147 mexicanos por esta causa, en la gráfica 1 se muestran las principales causas de mortalidad asociadas con el consumo de tabaco. El Sector Salud gasta anualmente 29 mil millones de pesos en el tratamiento de sólo tres padecimientos asociados con el tabaquismo: enfermedad cardiovascular, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y cáncer pulmonar.

Gráfica 1.  Muertes atribuibles al tabaquismo en México-2004



Se muestran los principales padecimientos asociados con el tabaquismo,
el número de muertes por año y entre paréntesis el porcentaje de riesgo atribuible de acuerdo con la dirección general de Epidemiología
de la Secretaría de Salud (2004).

Existen dos tendencias importantes del tabaquismo, especialmente en los países en desarrollo, el inicio del consumo de tabaco en edades cada vez más tempranas así como un aumento en el porcentaje de mujeres fumadoras. Estas dos tendencias se presentan en nuestro país, donde la edad media de inicio en el hábito tabáquico ha sufrido un progresivo descenso, para situarse actualmente alrededor de los 13 años, en lo que se refiere a la relación de género, en algunos grupos de adolescentes es ya de 1:1, mientras que en adultos es de 2:1 (SS, 2001).

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones de 2002, en México, hay cerca de 16 millones de fumadores activos, lo que representa 26.4% de los individuos de 12 a 65 años de la población urbana y 14.3% de la rural. Más de la mitad (55.4%) señalaron no ser fumadores (29 millones) en el área urbana y 70.7% de la rural (11 millones). Es importante también mencionar a los exfumadores, ya que sabemos que el porcentaje de recaídas en el tabaquismo es muy alto, en esta encuesta se encontraron 9 millones de exfumadores que representan 18.2% de la población urbana entrevistada y 2 millones (15%) de la rural (ENA, 2003).

En relación con la población urbana que mencionó estar expuesta involuntariamente al humo de tabaco se encontró una prevalencia de 36.1% (14 millones), con más de la mitad (57.4%) de fumadores pasivos entre los 12 a 29 años, lo que equivale a más de 8 millones de personas expuestas involuntariamente al humo de tabaco.

Debido a la importancia del inicio del tabaquismo a edad temprana como riesgo para consumir otro tipo de drogas como el alcohol, mariguana o cocaína, entre otras, se presentan a continuación algunos datos referentes a la prevalencia de fumadores en el grupo de adolescentes de 12 a 17 años, ésta fue de 10.1% en áreas urbanas lo que equivale a casi un millón de individuos, con una mayor proporción de hombres (15.4%) que de mujeres (4.8%). La escolaridad de los jóvenes fumadores en áreas urbanas fue, en casi la mitad de ellos, de nivel secundaria 40.7%, seguidos de 35.4% con preparatoria y 23.4% con primaria. Cabe señalar que mientras uno de cada 10 adolescentes varones empezó a fumar antes de los 11 años, ninguna mujer mencionó haber empezado a edad tan temprana.

Estudios realizados en diversas partes del mundo han demostrado que los fumadores de cigarrillos de 12 a 17 años, tienen 12 veces más riesgo de usar drogas ilícitas y 23 de convertirse en grandes bebedores (CONADIC, 1999). En México, el Instituto Nacional de Psiquiatría ha demostrado que los adolescentes mexicanos que consumen tabaco tienen un riesgo 13.8 veces mayor que un adolescente no fumador de consumir drogas ilegales y 13.5 de iniciarse en el consumo de alcohol (Medina-Mora, 2002; ENA, 2003).

Con los datos antes mencionados, sin duda impresionantes desde el punto de vista clínico, económico y social, no puede sorprendernos que la Organización Mundial de la Salud haya señalado repetidamente que el tabaquismo es una adicción con efectos catastróficos sobre la salud y que la Secretaría de Salud lo haya catalogado como un problema de salud pública de primer orden en nuestro país, sin duda el más importante de los susceptibles de prevención; lamentablemente, pese a los múltiples esfuerzos e iniciativas que durante años se han puesto en marcha, el consumo de tabaco sigue aumentando. Es posible que ello se deba, al menos en parte, a que las medidas y actuaciones dirigidas a combatir esta adicción no acaban de asumirse, ni por las administraciones públicas ni por muchos profesionales sanitarios, como una verdadera y urgente prioridad asistencial, médica y social.

Uno de los grandes problemas que se enfrenta en nuestro medio respecto a esta adicción es la aceptación social que tiene. En nuestra sociedad, los niños están acostumbrados a ver al tabaquismo como algo natural e incluso como algo digno de imitar, por esta razón generalmente no lo asocian con el daño que ocasiona, sino con actividades de esparcimiento o recreación. Esto se ve fomentado por la publicidad, la cual recurre a imágenes seductoras de fumadores bien parecidos, extrovertidos y saludables que viven intensamente situaciones de aventura o placer, con el fin de vender su producto, sobre todo entre los adolescentes. De acuerdo con información del Consejo Nacional Contra las Adicciones, por cada peso que el Sector Salud invierte en programas de prevención y tratamiento del tabaquismo, las compañías tabacaleras invierten quinientos pesos en estrategias de publicidad. Cada día alrededor de 100 000 adolescentes en el mundo encienden su primer cigarrillo, convirtiéndose con esto en adictos potenciales.

Ante esta perspectiva, uno de los recursos más prometedores, pero también uno de los que más labor requiere, es comenzar a fomentar una cultura antitabaco en nuestro país. Ello puede lograrse si desde hoy comenzamos con la tarea de informar y prevenir sobre los efectos que el tabaquismo produce en la salud, de manera que la población esté bien orientada acerca de los riesgos que implica el fumar.

En este sentido, el médico desempeña un papel relevante en la promoción de prácticas saludables que eleven la calidad de vida de nuestra población, esto avalado por sus conocimientos, actitudes, el reconocimiento y la confianza que cada paciente le otorga.  La intervención del médico  no sólo estimula a los pacientes para que dejen de fumar, además tiene un impacto importante sobre  la sociedad en general.

Según diversos estudios, el consejo médico es un factor muy importante para el abandono del tabaquismo. Se ha observado un índice de abstinencia de 17% en un año y hasta de 27% cuando el médico brinda tratamiento al fumador. Publicaciones recientes han demostrado que 60% a 70% de fumadores quiere dejar de serlo y 70% a 90% de éstos consideran que el consejo médico sería un factor importante para tomar tal decisión. Un gran número de fumadores dejaría de serlo si su médico le advirtiera sobre los riesgos que implica el tabaquismo. Por otra parte, el médico y el personal del área de la salud son un ejemplo importante para el público que acude a las diversas Instituciones de Salud a recibir algún servicio. Es incongruente que los médicos fumen en su área de trabajo y recomienden llevar una vida saludable a los pacientes; el ver fumar a un médico modifica la percepción del riesgo que tienen sus pacientes hacia el consumo del tabaco.

Las acciones de intervención de los médicos familiares; son fundamentales para reducir la morbi-mortalidad producida por el tabaquismo. Muchos de estos fallecimientos se podrían evitar con sólo algunos minutos que el médico dedicara al  paciente para recomendarle que deje de fumar o bien para prevenir el consumo del tabaco, asimismo la efectividad de este primer acercamiento se incrementaría si el médico brindara tratamiento y seguimiento a esta enfermedad, en pacientes que no pueden asistir para recibir apoyo en Clínicas especializadas.

De igual manera, es importante recordar que la Norma Oficial Mexicana MON-168-SSA1-1998 sobre el llenado del Expediente Clínico, publicada en el diario oficial de la federación el 7 de diciembre de 1998 establece que el tabaquismo debe ser considerado como una enfermedad y como tal debe dársele tratamiento y seguimiento.

El médico familiar sensibilizado y capacitado puede asumir el diagnóstico y afrontar el abordaje terapéutico de muchos fumadores. En unas ocasiones será suficiente con dar un consejo de abandono, en otras realizar una intervención mínima, en algunas una intervención intensiva. Por último, en casos complicados será aconsejable canalizar al paciente a las clínicas contra el tabaquismo. En la Facultad de Medicina de la UNAM contamos con una clínica especializada en el tratamiento de la adicción a la nicotina que puede ser una buena opción en estos casos (Teléfonos 56 23 21 02 y 08). Si se encuentra en provincia, el Consejo Nacional Contra las Adicciones cuenta con un número gratuito (01-800-911-2000) en el que se pueden obtener informes sobre los sitios dedicados al tratamiento no sólo del tabaquismo sino del alcoholismo y otras adicciones en los diferentes estados de la República.

Si lográramos que todos los médicos familiares integraran el abordaje del tabaquismo en atención primaria, estaríamos sin lugar a dudas modificando uno de los factores de riesgo más importantes para la salud de nuestros pacientes. Debemos prevenir las consecuencias de esta “pandemia” del siglo XXI, la prevención se entiende como la forma de conservar, cuidar, mejorar y restaurar la salud para no perderla o para recuperarla al máximo (Piédrola, 1988). Así pues, la prevención no es únicamente una práctica clínica, ya que el concepto de salud pública implica a la colectividad en el esfuerzo por alcanzar el bienestar del que la salud forma parte.

La cercana relación del médico con la familia es fundamental, ya que sabemos que la actitud familiar ante el tabaco determina la actitud futura del adolescente ante esta adicción. Por ello es necesario iniciar la prevención del tabaquismo dentro del propio núcleo familiar. En la tabla 1 se muestran algunas recomendaciones a transmitir a los padres respecto de la prevención del consumo de tabaco por los hijos y sobre la actitud familiar ante el mismo.

Tabla 1. Decálogo familiar sobre el tabaco

1. No fumar nunca en presencia de los hijos, en caso de que el padre o la madre sean fumadores tratar de dejar esta adicción
2. Establecer normas familiares claras respecto del tabaco y exigir su cumplimiento
3. No permitir el consumo de tabaco en casa
4. Hablar con los hijos sobre el carácter adictivo a la nicotina
5. Hablar con los hijos sobre los efectos del tabaco en la salud
6. Ayudarles a conocer y desmitificar la publicidad del tabaco
7. Enseñarles a decir que no
8. No tener tolerancia alguna ante el consumo de tabaco por parte de los hijos
9. No aceptar ni ofrecer nunca como regalos tabaco ni objetos relacionados con el mismo
10. Aumentar la vigilancia e información sobre los hijos que se encuentran en edades de riesgo para el inicio (10 a 18 años)

En conclusión, el personal de salud en general y los médicos familiares en particular pueden desempeñar un papel fundamental en la prevención y tratamiento del tabaquismo, teniendo como objetivos eliminar la adicción y modificar el curso de la enfermedad,  facilitando a las personas que acuden a los servicios de salud la información y los medios necesarios para conseguir el abandono del tabaco, brindando el consejo médico adecuado a las familias para que sus adolescentes no se inicien en el hábito tabáquico y apoyando a los miembros de la comunidad para que defiendan su derecho a tener espacios libres de humo de tabaco que permitan la protección de la salud de los no fumadores. La generalización de esta práctica, sencilla por otra parte, permitiría obtener beneficios potenciales inmensos en términos de salud pública.

Ojalá que como miembros del personal de salud ayudemos a combatir esta “pandemia” que se transmite como una enfermedad contagiosa debido a que se propaga por medio del ejemplo de los fumadores y de la publicidad, aumenta constantemente, no ha logrado controlarse y se extiende a todo el mundo (OMS,2004).


Bibliografía
1. CONADIC, S. El consumo de drogas en México: Diagnóstico, tendencias y acciones. México. 1999;143.
2. ENA 2003. Encuesta Nacional de Adicciones 2002. Tabaco, alcohol y otras drogas. CONADIC-SS. México, 2003.
3. Medina-Mora ME, Peña-Corona MP, Cravioto P, et al. Del tabaco al uso de otras drogas: ¿el uso temprano de tabaco aumenta la probabilidad de usar otras drogas?. Salud Pública Méx. 2002;44(l I):S109-S115.
4. Murray CJL, López AD. Alternative projections of mortality and disability by cause 1990-2020: Global Burden of Disease Study. Lancet. 1997;349:1498-1504.
5. OMS -World Health Organization-. Tobacco or Health: a global status report. Geneva: WHO. 1997.
6. OMS -World Health Organization-. La epidemia de tabaquismo. WHO. 2004.
7. Peto R, López AD, Boreham J et al. Mortality from smoking in developed countries 1950-2000. Oxford: Oxford University Press. 1993.
8. Piédrola GG. Conceptos de medicina preventiva y salud pública. En: Piédrola G. Medicina preventiva y salud pública. Barcelona. Salvat . 1988;3-14.
9. SS- Secretaría de Salud. Programa de acción: Tabaquismo. México. 2001.
10. Wyser C, Bollinger CT. Smoking-related disorders. Bollinger CT, Fagerstrom KO. The tobacco epidemic. Prog Respir Res. Basel. Karger. 1997;28:78-106.


¨Responsable de la Unidad Mixta de la Clínica contra el Tabaquismo,
Facultad de Medicina, UNAM