Cáncer de mama
De la Garza N JM*, Márquez Acosta G*
 

ara la mujer la glándula mamaria tiene no sólo un significado estético, sino que, adquiere un papel primordial como órgano sexual secundario, por ello es que el médico que se enfrenta con estos problemas debe conocer y familiarizarse con la patología, el estudio, y los manejos clínicos sobre la terapéutica quirúrgica, y por último, no olvidar el capítulo de la rehabilitación tanto órgano-funcional como psíquica.

    Cada año cerca de 400 000 mujeres del mundo mueren por cáncer mamario. En Estados Unidos de América es la segunda causa de mortalidad relacionada con el cáncer entre las mujeres y produce cerca de 43 000 defunciones anuales; el cáncer de mama es la neoplasia más frecuente en mujeres blancas por arriba de los 40 años de edad. 75% de estos carcinomas se producen en mujeres mayores de 50 años, la incidencia del cáncer de mama es de 72 x 100 000 y se estima que 12.5% de las mujeres padecerá este cáncer en algún momento de su vida, del que 3.5% fallece anualmente.

    En México, la frecuencia del cáncer de mama representa la segunda neoplasia en las mujeres, únicamente es superado por el cáncer cervicouterino. La incidencia es de 18.3 x 100 000 mujeres y la edad promedio de presentación es de 48 años.

    Los factores de riesgo para el cáncer de mama son: la historia familiar y personal de éste, primer embarazo a término después de los 35 años, ausencia de embarazos, mujeres de raza blanca, menarca antes de los 12 años, menopausia después de los 50 y expresión de los oncogenes BRCAI y BRCAII.

    En 80% de los casos el síntoma fundamental es la presencia de una tumoración mamaria que en la mayoría de los casos la misma paciente descubre, otro síntoma frecuente es la descarga sanguinolenta a través del pezón.

    El manejo de la paciente después de la sospecha inicial de cáncer del seno deberá incluir un examen clínico objetivo con la paciente descubierta del torso, acostada con los brazos elevados hacia atrás de la cabeza, y posteriormente sentada invitándola a elevar los brazos, en ambas posiciones se debe emprender una detallada inspección y una palpación completa. Si se detecta un nódulo o una masa predominante el examen deberá analizar todas las características clínicas: dimensión de los dos diámetros del tumor -en centímetros relacionados con el tamaño de la glándula- forma, superficie, bordes, movilidad, consistencia y relación con el pezón.

    La mayoría de las veces la recolección de estos datos, permite formular una orientación diagnóstica.

    Si se sospecha una neoplasia maligna de mama y si en el examen no se puede aclarar esa duda semiológica es indispensable recurrir al auxilio del examen mastográfico, que permite establecer con mayor exactitud las características de la lesión. Los signos radiográficos más importantes son la irregularidad de los márgenes del nódulo y la presencia de microcalcificaciones pleomórficas e irregulares.

    En todos los casos en los que la tumoración mamaria presenta características clínicas y radiológicas de malignidad se debe proceder, sin pérdida de tiempo, a hacer una determinación citohistológica; para tumores palpables dicha determinación se puede hacer por medio de biopsia con aguja fina, o mediante una biopsia excisional en casos de lesiones de menos de cinco centímetros con estudio histopatológico transoperatorio, lo que permitirá definir el diagnóstico de cáncer y tomar la decisión correcta en dicho momento. Otra modalidad de biopsia es la incisional indicada en las lesiones fungantes, ulceradas, o muy grandes, candidatas inicialmente a un tratamiento de quimioterapia.

    Actualmente, gracias a los adelantos radiográficos, se pueden  detectar lesiones no palpables a través de la mastografía, en las cuales se deberá hacer un marcaje con estereotaxia y biopsia para estudio histopatológico definitivo.

    El tratamiento estándar para el cáncer de mama en etapas I y II es la mastectomía radical modificada (tipo Patey) la cual incluye la glándula mamaria con areola y pezón, el músculo pectoral menor y los ganglios axilares de los niveles I, II y III. En etapa I muy temprana se está realizando la cuadrantectomía o lumpectomía con disección de los ganglios axilares también de los tres niveles pero conservando la glándula mamaria, la cual necesariamente deberá recibir tratamiento complementario con radioterapia.

    En las pacientes que presentan ganglios positivos a otros factores de pronósticos adversos se les deberá administrar quimioterapia adyuvante. La etapa III será sometida, en la mayoría de los casos, en forma preoperatoria a quimioterapia y posteriormente se valorará si se somete a cirugía y/o radioterapia.

    Las pacientes en etapa IV o con enfermedad metastásica a distancia son candidatas únicamente a tratamiento paliativo, es una enfermedad que en la actualidad tiene pocas posibilidades de curación, por lo cual el tratamiento deberá tener la finalidad de mejorar la supervivencia y aliviar los síntomas. En todos los casos las pacientes con receptores positivos o postmenopáusicas deberán recibir tratamiento hormonal con tamoxifeno por cinco años o raloxifeno en caso de tener útero.
 

Bibliografía

1. Bastarraches J, Hortobagvi G, Smith T, y cols. Obesity as an adverse pronostic factor for patients receiving chemoteraphy for breast cancer. Annals of Internal Medicine. 1994;120(1):18-25.
2. Carol S, Portloch R, Donald M, Goffinet. Manual de problemas clínicos en oncología. Editorial Interamericana. 1983. pp. 105-108.
3. Departamento de Epidemiología, Secretaría de Salud. 1997.
4. Ellodge R, Clark G, Chamness C, y cols. Tumor biologic factors and breast cancer prognosis among white, hispanic and black women in the United States. Journal of the National Cancer Institute. 1994;86(9):706-712.
5. Fisher B, Fisher E, Redmond C, y cols. Tumor nuclear grade, strogen receptor and progesterone receptor: their value lone or in combination as indicator of outcome following adjuvant therapy for breast cancer. Breast Cancer Research and Treatment. 1986;7(3):147-160.
6. Fischer B, Osborne C, Margolose R, y cols. Neoplasma of the breast in Holland. En Frei E, Bast R, y cols. Cancer medicine in Philadelphia. Lea/Febiger, 3era. ed. 1993. pp. 815-823.
7. Glichrist K, Ray B, Fowble, y cols. Tumor necrosis is a pronostic predictor for early recurrence and death in lymph node-positive breast cancer: a 10 year follow-up study for 728 Eastern Cooperative Oncology Group Patientes. Journal of Clinical Oncology. 1993;11(10):1929-1935.
8. Harri Jr, Mc Lippman, Veronesi U, Willet W. Breast cancer. N Engl. J. Med. 1992;327:319-328.
9. Jensen E, Desombre E. Sterold hormone binding and hormone receptors in: Holland J.F., en Frei E, Bast R, y cols. Cancer Medicine. Philadelphia. Lea/Fedigger. 3era. ed. 1993. pp. 815-823.
10. Orel SG, Schnall M, Livolsi V, y cols. Suspicious breast lesions: MR imagining with radiologic pathologic correlation. Radiology. 1994;190(2):485-493.
11. Veronesi H. Cirugía oncológica. Editorial Médica Panamericana. 1991. pp. 455-491.

*Médicos cirujanos oncólogos, Hospital General, Ciudad de México.


Nota editorial

Para su consulta Radiológica refiérase al Bol Med Fam 3(18) julio-agosto, 1996; sección Desde la Radioteca: Cáncer de mama: es un cáncer curable, pp. 10-11.